Siempre que mi memoria me lleva al final de Atlántida, afloran las lágrimas pero también siento el Amor incondicional que nuestros Hermanos Atlantes nos manifiestan desde entonces. Los Atlantes no eran malvados, ni su tecnología los llevó al caos. Solo unos pocos de ellos oscuros, fueron los causantes de ese desastre. Hay que conocer la historia completa para comprenderlo todo mejor. No creo poseer la verdad absoluta, pero recordar Atlántida desde hace años, me ha servido para integrar este momento de mi vida en el que me encuentro.
Este blog que comienzo hoy, surge de la necesidad de expresar todos estos recuerdos, transmitirlos con todo mi amor porque mi alma ya no puede contenerlos más.
Caos total.
Los oscuros situados en el centro energético de la Tierra, bajaron la frecuencia vibracional de la Madre Tierra y de todos los seres. Caímos en una especie de inconsciencia, sin fuerzas, sin sentido.
La hermana Luna, (la primera) se precipitaba hacia la Madre Tierra inexorablemente. En su estado de inconsciencia comenzó a caer, siendo atraída por su hermana Tierra desde su lugar en nuestro sistema solar.
Los hermanos Atlantes también afectados, no podían reaccionar.
Fuera del espacio y del tiempo, los hermanos mayores que observaban la madre Tierra desde fuera, luchaban por solucionar una situación que escapaba de todo control.
Nunca había ocurrido nada igual. Se pudo percibir en toda la Creación una onda oscura. Éramos conscientes de que algo muy grave estaba ocurriendo. Una marea densa fluía por la superficie de la Tierra, justo antes del alba un viento helado dejaba una estela fría y amarga.
Ahora, recuerdo aquella catástrofe desde la perspectiva del Tiempo con cierta dulzura y puedo observar lo ocurrido con otra mirada, desde el perdón y el amor; percibir cómo desde el resto de esferas de conciencia enviaban oleadas de Amor hasta nuestros corazones… Esto fue fundamental para no derrumbarnos. Todos somos Uno.

Fue el fin de la primera Atlántida, de una Era de conocimiento, belleza y convivencia. Pero Atlántida continúa aún…
¿Cómo había comenzado todo? ¿Qué había ocurrido?
La ambición, avaricia y maldad de algunos hermanos de la oscuridad nos habían llevado a ese caos y no tenía por qué haber ocurrido así.
Vimos como todo se hundía bajo agua y lodo. Cientos de volcanes activos comenzaron a lanzar gases y fuego por sus bocas. Los temblores arreciaban y no daban tregua.
El lamento de la Madre Tierra, un chirrido ensordecedor nos obligaba a taparnos los oídos. Sentíamos su horror. El vínculo natural nos tenía a todos conectados. Las Almas unidas se sostenían unas a otras, éramos un solo ser.
Y la Luna Hermana, a punto de colisionar…súbitamente desapareció. Los Atlantes, habían creado un portal dimensional con el fin de salvaguardarla.
Nos sentimos solos, sin dirección.
La Luna nos guiaba interiormente. Sentíamos su energía, que hacía circular la nuestra. Regulaba los ciclos vitales de todos. Plantas, rocas, mares, animales, seres…su Luz era el nexo espiritual en la Tierra.
Se nos apagó una luz interior.

Guiaba también las corrientes de agua, viento, éter en nuestro planeta
En aquel momento el Padre Celestial, los Ángeles, Maestros, Atlantes…todos, tuvieron que tomar medidas extremas para proteger la vida en la Tierra. El Padre envió a sus Elohim. Guardianes y protectores de la Luz, solo son desplegados por orden directa del Padre, ante casos extremos.
El cielo sumido en absoluta oscuridad, dejó de mostrar las estrellas que nos servían de referencia. El aire se volvió denso, costaba respirar. Lo que estaba ocurriendo en la Tierra era aterrador.
Ningún sitio era seguro en aquel momento. Acababa de ver morir a muchos hermanos ahogados, otros tragados por los grandes surcos abiertos en la tierra. Los Atlantes y los Ángeles evacuaron a todos los seres que les fue posible.
Todo se derrumbaba a mí alrededor. Yo estaba en shock. Alguien me cogió, sentí cómo me metían en una nave burbuja, junto a otros seres. Volamos a gran velocidad, a ras de la picada superficie del océano hasta que nos elevamos hacia el cielo espeso y oscuro.

Por primera vez en mi existencia, me sentí sola y abatida. Lloré. También fue la única vez que pude observar a los Atlantes horrorizados, exhaustos, con la mirada perdida.
Sentía dolor en mi corazón al alejarme de la madre Tierra. No sabíamos cuanto tiempo tardaríamos en volver a nuestro Hogar ni en qué condiciones lo haríamos.
De aquel momento traemos una impronta de miedo, abandono y soledad. De desconexión con el mundo espiritual interior.
Pero este evento, no es el fin de la historia. Hay un comienzo luminoso y una continuación después del caos de Atlántida. Hay mucha vida y mucho amor que recordar.
La Luz brilla más fuerte en la Oscuridad.
Blog Memorias de Atlántida. M.ª José Vázquez Uceda