¡Hola!
Muchos me habéis preguntado si lo que escribo en estos blogs es una creación o si es real. Debo decir que todo es real, basado en mi experiencia y trabajo personal durante más de 12 años. Por este motivo, he decidido hacer un inciso en las Memorias de Atlántida y el otro blog, Despertar de Conciencia, para explicaros quién soy y como descubrí el mundo espiritual. Espero que de esta forma me conozcáis mejor y me acompañéis por este recorrido con otra mirada.
Gracias… ¡y un fuerte abrazo!
Soy una persona que se considera normal, con dos hijas, pareja estable, familia y una vida casi corriente.
Cuando tenía 42 años ocurrió algo que cambió mi vida para siempre. Mi padre falleció inesperadamente, lo que desencadenó un despertar de conciencia brusco e intenso. Unos meses más tarde, en un curso sobre Relaciones Multidimensionales, impartido por Paloma Cabadas, tras un ejercicio energético que acabábamos de realizar, se manifestaron mis Guías Espirituales, a los que desde entonces comencé a percibir con normalidad. Consecuentemente, cayeron libros en mis manos en los que busqué respuesta a las preguntas que comencé a plantearme en aquel tiempo. Además comencé a meditar con intensidad y constancia.
Yo estudiaba 2º de Psicología y desde niña fui muy madura y racional. Extrañada por los sucesos que me acontecían fui al médico, que tras oportuna exploración y realización de analíticas constató mi perfecto estado de salud. También consulté con mi profesora de psicología general. Establecida la normalidad de mi salud emocional y corporal, me tranquilicé bastante. Así que me lancé con total confianza a investigar y a concentrarme en las experiencias que me estaban ocurriendo.
Más allá del duelo, de mi tristeza por la muerte de mi padre, me di cuenta que él seguía estando conmigo. Supe que había trascendido con conciencia y decidió quedarse como mi guía espiritual durante un tiempo. Él me ayudo a comprender el propio proceso del despertar. La absoluta confianza en mi padre fue fundamental para afrontar los años siguientes.
Durante toda mi vida me había sentido desubicada de todo y de todos, ¿qué hago yo en esta familia?…, ¿quién soy yo realmente?.., ¿por qué me siento así?…, ¿por qué me ocurren estas cosas?… y sobre todo: ¿por qué veo y entiendo lo que otros no ven?

A partir de mi despertar, todas mis preguntas tuvieron debida respuesta; todo encajó. Comencé a sentirme bien, en paz conmigo misma y con el mundo.
El duelo llegó a su término; ¿por qué tenía que dolerme la pérdida de mi padre?, ¿qué pérdida?, no hubo ninguna pérdida. Cada día sentía su presencia, así como la de otros guías que también me acompañaron en este proceso.
Meses más tarde, conocí a mi Maestro Antecessor. Él es el que nos tutela en el nacimiento espiritual, nos custodia, y cuando llega el momento, nos entrega a la familia cósmica a la que pertenecemos. Lo percibo como un padre espiritual, nos acompaña y aconseja en los diferentes estadíos y procesos del Alma.
En aquel tiempo, ya practicaba la meditación profunda con total entrega, podía conectar con mi energía y profundizar en algunos conocimientos. Viajaba a nuevas esferas de conciencia, donde aprendía y comprendía muchísimas cosas nuevas. Compartía con otros seres experiencias preciosas, llenas de amor y sabiduría. Manifestaba regresiones a otras existencias, a otras vidas en la tierra y fuera de ella. Pronto me di cuenta de que estaba conectada a un Registro Existencial, que me aportaba una información profunda sobre el Alma y su recorrido vital. Al principio, solo mía, más tarde, sobre cualquier otra persona, ser, animal, lugar, objeto, etc. Los Maestros Akáshicos me mostraron mi vínculo con aquel lugar, la forma de acceder a Ellos y a la información que allí se guarda y así comenzó mi experiencia en Registros Akáshicos, pilar fundamental de mi recorrido por el mundo espiritual.
En esos maravillosos viajes, a veces de 4 o 5 horas, comencé a trasladarme, conducida por mi Maestro, a la Escuela Etérica. La mayor parte de las cosas que sé, las más profundas e íntimas, me las han mostrado mi Maestro y los Guías.

En esa Escuela Etérica, otros Maestros se fueron manifestando y me explicaron el por qué de la existencia de cada uno de Ellos. Se destacaba para mí, entre todos los demás, uno, especial por su sentido del humor y su alegre conversación. Me hacía sonreír. Comencé a llamarlo el Maestro chistoso, así lo apodé en mis cuadernos donde tomaba nota de todas aquellas experiencias.
Meses más tarde, en la clase semanal de yoga a la que asistía, me llamó la atención la foto de uno de los yoguis que allí había expuestos. Desde su imagen, plasmada en la hermosa fotografía, me pedía que meditara, que me conectara allí mismo. Mi amiga y profesora Susana me sugirió que así lo hiciera. Nos sentamos en círculo junto con Loly, otra amiga y comenzamos a meditar.
Enseguida entré en trance; vi como aquel Maestro se acercó a mí y me abrazó. Su melena ondeaba como si una brisa la moviera. Tuvimos una conversación que duró varias horas. Curiosamente, esa mañana nadie acudió a las siguientes clases.
El Maestro chistoso se me presentó como Paramhansa Yogananda y me reveló que era mi profesor en distintas disciplinas, sobre todo en lo concerniente al Cosmos, añadió que mi Alma estaba aprendiendo con él en el otro lado y que, para conocerle un poco mejor, sería conveniente que leyera sus libros.
Yo no había oído hablar nunca de él. ¡Era una ignorante!
Cuando me dijo que debía volver al mundo físico, que llevaba mucho tiempo fuera de mí cuerpo, me negué. Sabía que aquel era mi lugar, mi verdadera patria. Sin embargo, él insistió y me recordó que tenía dos hijas a las que cuidar. Me hubiera quedado allí de mil amores, no hubiera dudado, pero finalmente tuve que volver.
Me costó mucho regresar a mi cuerpo y cuando lo hice Susana y Loly me sostenían. No tenía fuerzas, estaba exhausta. Habían pasado muchas cosas. Yo seguía llorando, ellas también…¡de felicidad!. Me había abandonado a la experiencia. Susana, apasionada estudiante de antiguos textos hindúes, me confirmó que todo lo que les acababa de narrar sobre Yogananda era cierto. En su vida en la Tierra, fue considerado un hombre con mucho humor, afable y lleno de amor. Escribió mucho y sus libros se encuentran disponibles en internet y en librerías de todo el mundo. Ella me prestó su obra más conocida, Autobiografía de un yogui, Paramhansa Yogananda. Este libro me ha acompañado desde entonces y lo voy leyendo poquito a poco, deleitándome. Cada palabra es un regalo del cielo.

El libro Autobiografía de un Yogui, Paramhansa Yogananda, que conservo desde entonces.
Fotocopia de la foto original que tenía mi profesora de yoga Susana en su centro y que me regaló después de aquella experiencia. Sus ojos me llamaban a la meditación. Conservo esta copia con mucho amor y alegría y me acompaña siempre.

A partir de ese momento, el Maestro Yogananda me enseñó muchas cosas sobre el Cosmos, las Energías que lo habitan, los minerales, los cristales, la sanación del cuerpo físico… cada día que acudía a la Escuela Etérica me sorprendía con algún tema interesante y me lo mostraba in situ. Así es como se aprende en las otras esferas de conciencia, a través de la práctica y la experiencia.
Recuerdo una ocasión, paseando con él en configuración etérica, por una sala oscura y mal ventilada con camas alrededor, que parecía un hospital del siglo XVII, donde observábamos a cada persona enferma desde el centro de la sala. Él me iba revelando el estado en el que se encontraba cada una de ellas, lo que les estaba afectando en sus cuerpos físico y energético. El Maestro me guiaba hacia cada ser, mostrándome sus delgados cuerpos y yo podía ver a través de la piel la naturaleza de su sufrimiento. Entonces, me explicaba qué podíamos hacer para calmarlos, aliviarlos e incluso sanarlos. En algunas ocasiones solo hay que acompañar. La persona tiene que trascender, marcharse, solo necesita consuelo, una palabra amable, cariño, amor. Los seres humanos llevamos tanto tiempo abandonando esta vida con sufrimiento y dolor, que se nos ha olvidado qué es la trascendencia y cómo debemos afrontarla.
En otra ocasión, a través de la meditación profunda, viajé hasta una nueva esfera de conciencia. Al llegar, pude contemplar un enorme y frondoso árbol, verde, brillante, precioso. A su alrededor estaban sentados en posición de loto muchos Maestros. Entre otros pude reconocer las energías de la Maestra Kuan Yin, o del Maestro Germain. En el centro estaba Yogananda, que me hizo un gesto para que me acercase. Me sentí intimidada, no sabía qué hacía allí. Pensaba <<con lo desastre que soy, me van a regañar por algo que he hecho ¡Madre mía, la que habré liado! >>. Al acercarme, volvió a llamarme la atención el suave movimiento de su cabello, aunque yo no sentía ninguna brisa. Él me miró con sus penetrantes ojos, comenzó a reírse mucho… aquello lo hacía para calmar mi tensión. También me reí, creo que leía mis pensamientos y quería demostrarme que no estaba allí por nada reprobable que hubiera hecho. Fue una lección más, allí nadie te regaña jamás.
Se levantó y me abrazó como se abraza a un niño. Nuestras energías se fundieron, sentí su olor. De hecho, en esos días, semanas y meses, su fragancia me acompañaba. Era un olor entre sándalo y rosas, que en ocasiones me envolvía entera. Un día caminando por la calle, me paré en seco, esa dulce fragancia la pude oler con total claridad pero por más que miré no encontré explicación al lugar de donde podía proceder. En otra ocasión, estaba sola en casa, me atraganté con mi propia saliva y se me cerró la tráquea; no podía respirar pensé en ese mismo momento en él y le pedí ayuda. No sé cómo, pero de pronto, se me abrió la tráquea y ya pude respirar y hablar normalmente. Mi garganta estaba bien. Fue en ese instante cuando volví a sentir el aroma a sándalo y rosas. En esta ocasión tampoco pude hallar el origen del tan agradable olor.
Las risas que compartí con el Maestro Yogananda son un recuerdo feliz e infantil, él demuestra siempre una despreocupación que me quiere transmitir; yo tan trascendental, seria y él con su melena al viento, viene a decirme que no me tome las cosas tan a pecho, me enseña a relativizar y a sonreír a la vida continuamente.
Hasta aquí esta breve introducción de cómo comencé mi camino espiritual, cómo alcanzo a conectar con todas estas energías y los seres que me acompañan en mi día a día.
Queridos amigos, la próxima semana os explicaré mi fijación con Atlántida y el origen del conocimiento que poseo sobre ella.
¡Abrazos!…os deseo una feliz semana.
Blog Memorias de Atlántida. Mª José Vázquez Uceda
4 comentarios en «MI EXPERIENCIA ES REAL»
Maravilloso!!! Es una historia preciosa.
Me alegro de que hayas dado este paso,eres muy valiente,estoy segura que ahora comienza todo para ti.
Un beso y un abrazo muy fuerte.
Gracias Marga…por tus palabras y tu cariño. ¡¡Muchos besitos y abrazos!!
Querida Mari!! Tu despertar no podia ser de otra manera: suave, dulce, amoroso y a la vez con fuerza y determinación. Como eres tu.
Un fuerte abrazo!
Hola Nuria! Gracias por tus palabras… fueron unos momentos difíciles pero recuerdo que todo estaba lleno de amor, me sentí arropada por las personas de este mundo, pero también por las del otro lado, donde mis Guías y Maestros me señalaron el camino a seguir y me acompañaron un buen trecho. Solo sentía que debía seguir profundizando en mí, en todo lo que me ocurría porque al final es eso, las experiencias son solo para cada uno, para avanzar y aprender.
Un fortísimo abrazo querida… eres un Sol🏵️ ¡Besitos!