Al igual que existe un cosmos exterior que acoge galaxias, estrellas, sistemas solares, planetas, en nuestro interior existe también un cosmos acogedor y expansivo.
Todo lo que el cosmos contiene posee sentido y significado. Todo es unión, vida y experiencia.
La fractalidad es la respuesta a la propia existencia.
Como es arriba es abajo; como es dentro es fuera. Más allá de este mundo dimensionado y estructurado, las esferas superiores de conciencia son como en las inferiores y viceversa. Todo está relacionado, dualizado y polarizado.
El centro de unión de todo lo que existe siempre es el Amor. El hace girar una flor hacia el sol, igual que los planetas giran alrededor de su estrella, o las galaxias giran en armonía en el cosmos infinito. La energía de amar es lo que mueve la Creación.

En nuestro cosmos interior todo cobra un sentido al igual que en el exterior.
Las nebulosas son pensamientos divinos de Creación. Nuevas creaciones en ciernes. Y son muy importantes pues tienen que ver con nuestras propias ideas creativas. Proceden de la conciencia, no del pensamiento del cerebro. Existe una diferencia clara y tangible entre ambos: la primera procede del Alma y nos aporta creatividad, ilusión y conocimiento, se basa en nuestra experiencia y sabiduría como seres infinitos. El segundo, se origina en nuestro mental físico, es analista, racional y se basa en las creencias, estructuras y roles del mundo, es influido por los miedos y desconfianzas, que surgen en su aparente desconexión del Alma.
Observar la imagen de una nebulosa en el espacio exterior, cerrar los ojos, sentirla, nos conectará con el estado de nuestra propia creatividad y pureza de espíritu. Puede dañarse en nuestro día a día por preocupaciones, agotamiento. Visualizar esa nebulosa al finalizar el día, en estado de relajación, con colores cálidos: rosa, naranja, violeta nos repondrá y regenerará de cara al día siguiente.
Percibo el espacio interior como algo infinito. El silencio, la quietud son inmensos, abrumadores.
Los planetas en sus sistemas, aparecen llenos de vida. Son pura energía en movimiento. Las ondas generadas por ellos se expanden sin límite por el espacio. En su traslación recogen también las energías del resto de planetas hermanos y se complementan y acompañan compartiendo el camino.
Cada planeta representa una emoción, un sentimiento o un aspecto de nuestra personalidad.

La Astrología lo define muy bien. Unos planetas nos afectan más que otros porque su influjo es diferente. Sus movimientos nos ofrecen ventanas de oportunidad para acelerar el proceso del Alma. En el cosmos interior, los planetas, que son en realidad nuestras emociones y sentimientos se comportan de igual forma: entran en conjunción para facilitarnos la existencia, comprensión y apertura a nosotros mismos. Sus encuentros nos permiten avanzar. A veces, podemos sentir que es el momento adecuado para iniciar algo; otras, sentimos que no es momento de hacer aquello que deseamos. El instinto es la voz que nos dice en qué momento astrológico interno nos encontramos para poder actuar.
Siempre tenemos ayuda interna y externa. Afinar los sentidos, ejercitarlos, nos puede ayudar a comprender mejor el mensaje del Alma.
Los agujeros negros, absorben todo lo que encuentran a su paso. Sus poderosas energías transmutan galaxias enteras. Esa es su función, la capacidad de transmutación, la oportunidad del cambio, la trascendencia.
En nosotros esos vórtices nos transforman. Son esos procesos internos, a veces duros y difíciles que nos permiten acceder a otro estadío de conciencia. Nos permiten madurar y crecer no solo como personas, sino también como Almas.
El vacío es un lugar, sin espacio ni tiempo al cual accedemos para restablecer nuestra propia vida, estabilidad y armonía. Su energía nos atrae hacia un estado de quietud absoluta con manifestación plena de conciencia.

Existen partículas etéricas que vuelan por los espacios interior y exterior, transmitiendo vida, conciencia y amor. Proceden del Todo, de su permanente estado de iluminación absoluta y se expanden por la Creación como un viento pleno de semillas de Luz.
En nuestro interior, estas partículas nos renuevan continuamente. No lo sabemos, apenas hemos pensado en ello alguna vez, pero somos seres de una perfección absoluta, a pesar de las apariencias. Estas energías que se mueven a través de nuestros cuerpos sutiles y campo áurico son canalizadas, en gran medida, por el Sol.
Nuestra estrella es un enorme catalizador energético que nos transmite códigos de luz, frecuencias especiales que nos equilibran y armonizan con el medio exterior. Pertenecemos al lugar físico donde nos encontramos. Necesitamos encontrar una sintonía con el entorno.
El Sol interior nos hace llegar las frecuencias del Origen, de la energía que somos, de nuestra Alma y de la familia cósmica. Nos conecta con el Maestro que habita en nosotros.
Aquí en la Tierra, nos empeñamos en poner nombre a todo, categorizarlo y encasillarlo. Lo cierto es que solo cuando nos abandonamos a nuestro interior infinito, empezamos a comprender la auténtica realidad de la existencia, pues ahora solo percibimos un atisbo de ella.
La inmensidad que somos, en una inmensidad aún mayor que existe y nos llama.

EJERCICIO:
Podemos visualizar cada uno de estos elementos cósmicos conectando con esa parte que necesitamos mejorar, sanar, resolver. Cuando una emoción o sentimiento nos bloquea, podemos visualizarla y ver cómo es absorbida por un agujero negro y transmutada a su emoción contraria positiva que nos inunda, sentimos y percibimos circulando por nuestro cuerpo físico.
Cada elemento tiene una función consciente para el crecimiento interior. Ejercitarlos nos aportará una nueva visión cosmológica del Ser.