CREACIÓN

¡Hola!

Hoy comienzo una serie de relatos para explicar algunas de mis experiencias en otros lugares y esferas de conciencia.

Desde mi despertar, he podido percibir la Creación de múltiples formas, mi Alma inquieta ha experimentado y comprendido algunos aspectos de la Vida a través de los variados seres que existen y a los que he conocido en sus propios estratos de conciencia. Allí donde he sido invitada, los seres que me acogían me han regalado un conocimiento espiritual único, que guardo amorosamente en mi corazón.

Espero que te guste. Gracias… ¡y un fuerte abrazo!


Era de madrugada, acababa de hablar por teléfono con una amiga y su Maestro se había manifestado ante mí con su fuerza habitual. Estábamos acostumbradas a que en nuestras conversaciones, casi siempre en la noche, el Maestro Germain acudiera para explicar a mi amiga aquello que ella necesitaba en ese momento de su evolución espiritual. Tras la conversación, yo seguía disociada, conectada interiormente con el Maestro. Me indicó que esperase, tenía una sorpresa reservada. Cerré los ojos y salí literal y físicamente fuera del cuerpo y de nuestro planeta. Durante el maravilloso viaje, además del Maestro Germain, nos acompañaban los Guías espirituales. ¡Estaba extasiada!. En un principio no reconocí los planetas que se iban mostrando: Venus, Marte, Júpiter, Saturno presentaban un aspecto distinto del que estamos habituados a ver en las fotografías del espacio. Su color y apariencia eran extrañamente diferentes. El Sol, de un tono blanquecino, desprendía corrientes etéricas que alcanzaban cada uno de los rincones de la galaxia; podía ver y seguir su trayectoria.

Pregunté al Maestro por qué me ocurría esto. Él contestó que, en esos momentos, estaba mirando con los ojos del Alma, no con los míos físicos, por lo tanto, observaba el universo en su forma etérica. Lo percibía con claridad y en una paz y silencio abrumadores. La armonía nos envolvía por completo.

Simplemente con el pensamiento me trasladaba hacia los cuerpos celestes. Llegaba en menos de un segundo.

Me giré, vi Venus… ¡y llegué hasta él!  No podía creer lo que estaba viendo. Parecía un mundo de color de plata y, sin embargo, desprendía un aura dorada. Infinitud de diminutas partículas energéticas brotaban de él, como si el mismo planeta fuera un manantial de energía etérica. Luego, esas moléculas se diseminaban por todo el sistema solar. Alcanzaban a cada uno de los planetas y a sus lunas. Podía llegar a vislumbrar cómo las partículas, en su recorrido, desprendían un halo de energía etérica. Eran pura luz. Parecía que cada una buscara a otra partícula a la que unirse. De pronto, al entrar en contacto con esa otra partícula del universo, se originaba una diminuta explosión, era la fusión de una polaridad de la Luz con su otra polaridad lumínica opuesta, para así, formar una molécula energética pura. La belleza que ofrecía este espectáculo de luz era indescriptible.

Pensé en Marte y, al instante, me encontré frente a él. De momento, creí estar en un error, aquel planeta enorme, azul claro, como un globo vacío e hinchado, parecía Júpiter. Al preguntar qué era lo que ocurría, me respondieron lo siguiente:

<<Marte ha sufrido una gran transformación. En un tiempo pasado, fuerzas oscuras se situaron en él y lo apartaron del camino de la Luz. Ahora, es la Luz misma la que vuelve a tomar las riendas del planeta y se encuentra en un proceso de depuración y cambio, etéricamente sufre una especie de inflamación. Los seres que lo habitaban se siguen encontrando en él, nuestro respeto es máximo hacia ellos. Simplemente debes saber que su proceso es, como el vuestro en la Tierra, reversible y está siendo sostenido y sanado por los seres de Luz>>.

Sentí el dolor e inquietud de aquellas criaturas que ahora moraban en Marte y, que una vez, fueron hermanos mayores nuestros aquí en la Tierra, ambos somos dos mundos en plena trascendencia. A la vez que su sufrimiento, también percibí su ilusión y sus avances.

Más allá, un Júpiter majestuoso e inmenso se mostraba con un precioso color verde esmeralda. En realidad, es la joya de este sistema solar, me dijeron. Tiene la particularidad de atraer a cuantas energías disruptoras, negativas y potentes del universo llegan hasta aquí y puede transmutarlas directamente a luz. Sus numerosas lunas son como antenas que ponen en alerta el mecanismo de defensa. Júpiter contiene en su interior un vórtice energético, que está directamente conectado con el Vacío, que es otro lugar-espacio-tiempo peculiar de la Creación, una esfera dimensional donde aparentemente no hay vida; donde nada existe. Su inmanencia permite guardar en él lo dañino, aquello que puede romper la armonía y el equilibrio del entorno para ser transformado, cuando es necesario, en pura Luz.

Pensé en cómo se vería la vía láctea desde fuera y… ¡voilà!

En apenas un pestañeo, contemplé algo inaudito: una espiral enorme, brillante, en tonos iridiscentes  rosados, anaranjados y dorados, en cuyo centro podía distinguir un núcleo obscuro y atemorizante. Parecía el motor de una inmensa nave y, desde la distancia, era capaz de sentir la energía tan poderosa allí manifestada. Entonces comprendí, era la energía gamma (1).

Ese agujero negro es el motor energético que mueve la espiral galáctica a partir de la transmutación de todo aquello que absorbe. Nuestra galaxia gira en el sentido de las agujas del reloj. Genera la recombinación necesaria para la vida en la galaxia. Existe un pulso o latido en su interior, que atrae y expulsa… atrae y expulsa…, como un corazón cósmico. Percibí que ese poderoso vórtice obscuro podía ser a la vez muerte y vida. Mis compañeros de viaje, de pronto, me miraron, corrigiéndome. La muerte es vida, es un renacer, dijeron. Me sentí aliviada, comprendí y pude saber que todo lo que observaba también se alojaba en mi interior. Cada estrella, luna y planeta representan una emoción, un pensamiento, una sensación. Todos estamos ligados a lo externo y se nos manifiesta a través de nuestro interior. Somos Uno con la Creación.

La belleza que había contemplado me dejo exhausta. Mi cuerpo físico, ¿allí abajo?, se resentía, los Guías me ayudaban a sostener una vibración altísima en aquel lugar, fuera de la galaxia y, en consecuencia, mi cuerpo, totalmente agotado reclamaba ya mi presencia física. Yo no quería volver, pero la realidad se imponía. Debemos ser respetuosos con el caudal de energía que cada uno disponemos.

Me fundí en un abrazo con mis Guías, mientras el Maestro Germain, rodeado de luz violeta y rosa, observaba y me sonreía. La experiencia, increíblemente larga e intensa, había llegado a su fin. Me hubiera gustado llorar de emoción, pero la alegría infinita de mi Alma, así como mi configuración etérica me lo impedían.

Fue difícil abrir los ojos, me sentía insignificante, aunque muy pesada. Sentada en la terraza de mi casa, contemplaba las estrellas y pensaba <<acabo de estar ahí>>. Agotada, sin fuerzas para nada más, intenté asimilar la maravillosa experiencia y el conocimiento recibido.


Hasta aquí esta experiencia en otros mundos etéricos, donde mi ser continúa su aprendizaje y experimentación.

La próxima semana vuelvo a Atlántida para relataros cómo Jadesh y sus hermanos atlantes se adaptan y comienzan una nueva vida en la Tierra.

¡Abrazos!…os deseo una feliz semana.

Blog Despertar de Conciencia.  Mª José Vázquez Uceda


  1. Los rayos gamma se consideran los más poderosos del universo y se suelen encontrar, sobre todo, en los agujeros negros.

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María José Vázquez

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