¡Hola!
El relato de hoy está directamente relacionado con los Registros Akáshicos, mi gran pilar espiritual.
La experiencia que continuamente me ofrecen los Maestros Akáshicos perdura en el Alma, que la guarda como un tesoro de incalculable valor. El conocimiento que poseo sobre los Registros y sobre otras materias, acerca de la Creación, se lo debo a Ellos. A medida que mi ser evoluciona, los Maestros me conectan con nuevos e interesantes conocimientos.
Lo que voy a explicar en éste y en los dos próximos blogs del Despertar de Conciencia, es una misma vivencia de las que se quedan guardadas hasta que llega el momento de ser abierta y recordada. Deseo que te sirva y que te sea de provecho.
Gracias… ¡y un fuerte abrazo!

Al alba, todavía
queda aceite en la lámpara;
y canta un cuco
Söin. Primavera de dioses. Maestros del Haiku.
Hace ya algunos años, un día, al despertar, sentí la urgente necesidad de meditar. Me encanta la energía del alba cuando la luz comienza a difuminar las estrellas en el firmamento.
En aquella ocasión, entré enseguida en mucha profundidad. Sentí el hormigueo habitual por manos, pies y tronco, el cuerpo entró en una calma absoluta, un vacío tiraba de mí, el Alma volaba muy, muy lejos.
Sentí el camino, lo reconocí.
Me dirigía hacia los Registros Akáshicos, estaba ansiosa por llegar. Allí las experiencias toman una relevancia especial. Los Maestros transmiten un conocimiento muy profundo sobre uno mismo, abren una puerta hacia tu interior para que puedas reconocerte y valorarte.
Un grupo de Maestros Akáshicos me esperaba fuera del edificio de los Registros. Mi Maestra, pensativa y concentrada, se encontraba sentada sobre una gran piedra rodeada de naturaleza. Al verme, como de costumbre, se acercó y me dio un gran abrazo, nuestras energías se fundieron de amor. Los Maestros esperaban respetuosamente a que finalizara nuestro reencuentro.

María José, me dijeron, hoy tenemos una jornada especial para ti. Ven, acompáñanos, iremos más allá de las puertas de este sagrado lugar. Debemos mostrarte algo.
Sorprendida, me abrí a la experiencia, aún sin saber a qué me exponía, pues mi confianza en Ellos era absoluta.
Cada uno de los Maestros que representa las características de: Expresión, Eficacia, Compasión, Dulzura, Confianza, Entrega, me iba a explicar sus propiedades fundamentales. Podía percibir sus energías unificadas como si procediesen de un solo ser, sin embargo, se manifestaban por separado, pues era importante que yo las percibiera individualizadas; la experiencia que cada uno iba a ofrecerme sería relevante. La Maestra nos acompañaba y me observaba. Me sentía expectante y emocionada a la vez.
Los Maestros Akáshicos dibujaron en el aire un gran círculo dorado. Se generó una poderosa corriente energética que rasgó el interior del mismo círculo. A su través pudimos ver un escenario sin espacio ni tiempo. Al atravesar aquella entrada, sentí en mi corazón algo que me activó sentimientos y sensaciones contradictorios. Mis niveles de comprensión y discernimiento habían aumentado exponencialmente; supe dónde estaba y qué hacía allí.
Me hallaba en lo más profundo de mí ser, en un lugar estanco, que ni siquiera sabía que existía. En él se encuentra una capacidad del Alma, un sentimiento espiritual, dormido en esta vida. Los Maestros deseaban que sintiera esta capacidad, la de mi propia expresión, con toda su fuerza y que la potenciara, tomando conciencia de ella.
El Maestro se me acercó, dibujó algo delante de mi rostro y unas letras doradas aparecieron en el aire. Podía verlas, sentirlas e incluso olerlas. En el ambiente se extendió una fragancia a sándalo, hierba recién cortada, a color rojo, a hierro. En ese momento tomé conciencia de que la expresión no es solo lo que decimos, cómo hablamos o como nos manifestamos. Es una característica del alma a través de la cual podemos expresar lo que somos en esencia, lo que hacemos, pensamos y deseamos desde las infinitas formas o perspectivas del ser.
El Alma siempre se manifiesta, bien sea a través de las emociones, de las sensaciones o de los sentimientos. Y toma un cariz relevante cuando lo hace, por ejemplo, a través de la expresión artística o de cualquier otra expresión que suponga la materialización de una capacidad o un don. Arquitectos, médicos, ingenieros, terapeutas… todos aquellos que ejercen su profesión, desde una capacidad innata, quedan elevados a un estado de mayor discernimiento y conexión interior al practicar sus capacidades. En este punto, el alma activa la energía del corazón para alcanzar armonía y equilibrio en todos los aspectos de la vida.
Desde esferas más elevadas de conciencia nos están mostrando, desde hace tiempo, el camino del corazón. Desean que lo sigamos, que aprendamos su lenguaje.

En aquel lugar, comprendí que la expresión se abre paso, de cualquier forma, para manifestarse en total libertad. En la Tierra existe una enorme diferencia entre la realidad del ser y lo que expresa, por lo que, cuando una persona vive limitada en su expresión, acaba enfermando, incluso puede llegar a morir. En la mayoría de las ocasiones, nosotros mismos nos condicionamos y anulamos para ser aceptados por los demás, para ser amados.
Comencé a sentir una tristeza muy profunda, me daba cuenta de los límites tan exigentes que yo misma me había impuesto en la vida. El Maestro me tocó a la altura del corazón. Sentí una descarga emocional, una liberación, todo se iluminó de un clarísimo y vibrante color violeta. Comencé a sentir formas de expresión de mi Alma, que desconocía hasta ese momento. ¡Incluso formas artísticas relacionadas con la pintura! Desde pequeña había creído que no traía conmigo el don de la pintura. Sin embargo, ahora sé que la expresión tiene que ver con lo que uno siente, no con lo que hace. Mi relación con la pintura no es plasmar la belleza como lo logra un artista; es sentir, es emocionarme, es captar las ideas y los significados que emanan de cualquier obra.
El grupo de Maestros, difuminados por la intensa luz violeta que ocupaba el lugar, me indicó que los siguiera. De nuevo dibujaron un gran círculo en el aire, sentí un cambio muy brusco en el ambiente. Todo se paró en seco. Trascendimos por el portal abierto y nos encontramos en un espacio diáfano, hueco, vacío. Parecía que nos encontrábamos en una enorme sala sin paredes, techos o suelos, iluminados únicamente por la luz que desprendían nuestros cuerpos etéricos. Tomé conciencia de que levitábamos en ella cuando, el nuevo Maestro, el que debía transmitirme el sentimiento de Eficacia, se acercó a mí. En ese instante, me sentí vulnerable. Una mezcla de emociones se agitaban en mi interior, las ideas bullían. Él me explicó lo siguiente:

El ser humano ha aprendido a gestionar su vida desde la autoexigencia y desde el desconocimiento más absoluto sobre sí mismo, lo que provoca grandes problemas a niveles prácticos, en la vida cotidiana y también a niveles profundos del ser, por el continuo sentimiento de frustración e insatisfacción que esto produce. No es lo que uno hace o deja de hacer, es la buena disposición mental, física y emocional desde donde el ser debe actuar. Cuando en la Tierra una persona siente que no tiene tiempo y desea hacer muchas cosas, se estresa. Esto, puede desembocar en diversas enfermedades. Lo correcto debería ser conocer la verdadera necesidad de las acciones diarias, para así, organizar el tiempo, priorizar y relativizar, si es necesario.
Debo reconocer que he pasado gran parte de mi vida estresada por ideas equivocadas respecto a la forma de actuar frente al trabajo, a los quehaceres cotidianos y a mis relaciones con los demás. Esto desembocó, multitud de veces, en fuertes crisis de ansiedad y problemas de salud. Vivía enfadada con el mundo al cual culpaba de todos mis males. El estrés mental, emocional y físico, acumulado en esta vida y también en otras vidas anteriores, se reveló en un gran malestar en mi cuerpo etérico.
El Maestro tocó mi frente pronunciando unos sonidos que se transformaron en sagrada escritura. Se produjo una apertura en mi mental, sentí una vibración fuerte e incómoda a la vez que me liberaba de la angustia y el miedo. Comenzaron a llegar a mí sensaciones nuevas, frescas, la certeza de que nada es tan importante como la Vida misma. El estrés solo reside en nuestra mente ocupada y frenética y se alimenta de las creencias que, desde el nacimiento, aprendemos y alentamos.
Paulatinamente sentía que aumentaba mi armonía y equilibrio. Una gran liberación se estaba produciendo en mí.
Hasta aquí la experiencia en otros mundos de mi cosmos interior, donde los Maestros Akáshicos continúan acompañándome en este profundo y sanador recorrido.
La próxima semana vuelvo a Atlántida para relataros cómo Jadesh la Atlante y sus compañeros asisten a un nacimiento muy especial en la amada Tierra.
¡Abrazos!…os deseo una feliz semana.
Blog Despertar de Conciencia. Mª José Vázquez Uceda