¡Hola!
Esta semana, continúa el relato de Jadesh, en el cual, nos hace partícipes de su experiencia terrenal en la construcción etérica de la ciudad de Atlántida. Con entusiasmo, nos narra el proceso de creación, la función de los seres que participaron en él y nos transmite cómo percibió aquel evento único.
Gracias… ¡y un fuerte abrazo!

<< (…)Debemos tratar de parecernos a los seres divinos que han venido a la Tierra una y otra vez para mostrarnos el camino. Mediante el amor mutuo y la claridad de entendimiento que ellos enseñaron y ejemplificaron, podrá llegar la paz.>>
Paramahansa Yogananda, Donde brilla la Luz.
De nuestra gran nave, ubicada en este sistema solar, surgieron miles de naves burbuja en dirección a la Tierra. En cada una de ellas, un equipo de trabajo formado por cinco seres pertenecientes a una misma estirpe profesional1, viajaban decididos a afrontar su misión en cuanto tocásemos tierra.
Todo había sido minuciosamente diseñado. Íbamos a habitar un entorno nuevo, con cuerpos semi etéricos, que todavía se encontraban en proceso de adaptación y con muchas tareas por emprender.
En aquel momento, la tierra constaba de un único continente y un gran océano que lo rodeaba.
Aterrizamos, salimos de las naves y nos dispusimos a crear una ciudad en el océano. La evolución natural del planeta haría que la masa de tierra se expandiera, avanzara a la deriva en continuo movimiento y se resquebrajara, por lo que no era práctico ubicarnos en ella. Por otra parte, en el océano podríamos adaptarnos mejor al entorno y atender a las necesidades del planeta.

Nuestra premisa desde el comienzo fue respetar a la Tierra, que nos había acogido tan amorosamente. El corazón nos susurraba que debíamos acercarnos a ella con respeto, amor y delicadeza.
Bajo la dirección de los ingenieros constructores, nos unimos todos los Atlantes allí presentes en un círculo extendido a lo largo de muchos kilómetros sobre la superficie del océano. Levitando, apenas rozando el agua y concentrados, percibíamos la energía sutil de nuestros compañeros a cada costado, como también, la intensa fuerza que desprendía el océano.
En ese preciso instante, acudieron los Ángeles y Arcángeles en su imprescindible labor Co-creadora, ya que debían sostener el trabajo que se iba a realizar. Ellos siempre deben de estar presentes en cualquier acto de Creación, pues es una de sus funciones principales. Con sus cantos y vibraciones específicas, tan sutiles, comenzaron a elevar la frecuencia, hasta tal punto que sentíamos cómo nos elevábamos de la superficie del océano. Podíamos percibir y visualizar cada molécula energética a nuestro alrededor. El agua oceánica parecía hervir; sus moléculas, suspendidas en el aire, generaban un aura brillante, cristalina, que nos envolvía. Se podía observar, el color rosa, verde, azul, violeta, dorado, que tomaba cada molécula energética, en cada una de las fases de la creación-construcción… ¡era tan hermoso! estaba disfrutando de algo único e irrepetible… ¡y lo sabía!
A continuación, los Atlantes, acompañados por los profundos y bellos cantos angélicos, recitamos el Verbo de la Escritura Sagrada, que habíamos aprendido para el momento. Percibimos enseguida una fuerte vibración; las aguas del océano se movieron bajo nosotros provocando un suave remolino que giraba hacia la derecha. De momento, solo estábamos sentando las bases de la construcción.
Durante largos espacios de no-tiempo, habíamos estudiado, aprendido y visualizado todo el proceso. Ahora, había llegado el momento de ponerlo en práctica.

Con nuestro pensamiento creador proyectamos un haz de Luz desde el “tercer ojo” hacia el centro del círculo que habíamos formado y éste, se adentraba potente en el océano, fusionándose en una simbiosis perfecta con las moléculas energéticas de todo lo que encontraba a su paso. Los cimientos, invisibles, se estructuraban en códigos de Luz que, a través de esa fusión, comenzaron a formar parte de las moléculas del agua, del fondo y del entorno. Con este sistema, permitíamos el desarrollo natural del planeta, sin ser afectado de ninguna forma por nuestra parte.
A partir de aquí, los ingenieros constructores materializaron el diseño de la ciudad Atlante. La idea había sido crear un hogar, donde compartir conocimiento, experiencias y diversión en la materia.
En la Creación todos los detalles son importantes.
Los ingenieros diseñaron una ciudad etérica que constaba de una parte aérea y otra acuática unidas entre sí. La Atlántida fue el hogar de muy diferentes y variados seres, provenientes de dimensiones, ámbitos y esferas de conciencia muy distintas. La ciudad en la superficie, se creó de forma espiral y con canales de agua, que facilitarían la renovación energética de la ciudad y de sus habitantes. Dentro de ella y en un punto determinado había sido creada una deslumbrante naturaleza ex profeso para facilitar la existencia de seres que viven simbiotizados con ella. Bajo la ciudad, en lo más profundo del océano, existían cúpulas cristalinas, que servirían de hábitat para los Atlantes acuáticos. También había zonas comunes para compartir, dispuestas en los anillos externos de la ciudad. Los edificios eran cristalinos con forma de grandes burbujas y pirámides y contenían los centros neurálgicos y las residencias. Las pirámides eran centros de enseñanza, sanación y regeneración. La energía canalizada a través de la pirámide armoniza, ayuda a la integración del conocimiento y actúa de catalizador etérico. Las esferas transparentes eran lugares para el descanso y la meditación.

El agua, tan importante en la creación de Vida, produce una regeneración física y energética, a través de todos sus elementos químicos y etéricos, sobre todo, cuando se halla en grandes cantidades.
El agua oceánica hace posible una homeostasis completa tanto en la tierra, como en la atmósfera y en el interior del planeta. Sus moléculas detectan cualquier desarmonía o desequilibrio y la trascienden.
Una de mis principales tareas en la tierra fue estudiar la enorme versatilidad de las moléculas del agua en el planeta, la propagación de la vida a través del agua en sus diferentes ámbitos (río, océano, lluvia, etc.) y la composición y características de ella. Observé que la vida se abría paso en la Tierra creando sus propias reglas.
El océano me impactó desde la primera vez que lo vi. Sus dimensiones, color e inmensidad me atemorizaban, a la vez que me calmaban y sosegaban. Los rayos del Sol y la brisa marina reconfortaban mi ser y mi Alma.
A partir de este momento viviría en la ciudad de Atlántida y podría tocar, percibir, experimentar la materia. Mi existencia y la de mis hermanos atlantes, cambió para siempre.
- Los seres de la creación pertenecen a distintas estirpes profesionales atendiendo a sus diferentes dones o capacidades. Jadesh, pertenece a los armonizadores energéticos.
Hasta aquí el relato de hoy, la próxima semana publicaré un nuevo capítulo del blog Despertar de Conciencia. Muchas gracias.
¡Feliz semana!
Blog Memorias de Atlántida. Mª José Vázquez